Cuando el patrimonio se silencia: El destierro de Pedro Touvat.
A veces, para ocultar una noticia, no hace falta borrarla; basta con sepultarla bajo el ruido de otros nombres. Lo ocurrido hoy en un medio local es un caso de estudio sobre la invisibilización del patrimonio. En una nota que circula bajo un titular estridente sobre escándalos políticos del Ejecutivo ("Jerí borra amenazas contra prensa..."), se esconde el destino final del busto de Pedro Touvat. Cabe preguntarse si esta "confusión" editorial es un descuido de rigor o una estrategia calculada para que el destierro del párroco de la Plaza Matriz pase desapercibido bajo el estruendo político nacional.
Lo cierto es que, tras la cortina de
humo, la realidad es alarmante. La Dirección Desconcentrada de Cultura del
Callao y la Municipalidad del Callao parecen decididos a dar carpetazo al
asunto, ignorando una apelación ciudadana presentada al Ministerio de Cultura
del Perú que lleva meses acumulando polvo sin respuesta. Este silencio
administrativo no es solo una traba burocrática; es un desprecio directo a la
voz de los chalacos que exigen que su referente permanezca en su hogar
histórico y no en el exilio de una sala.
La falacia de la
"recuperación"
La narrativa oficial utiliza términos
como "recuperación" y "puesta en valor". Sin embargo, el
patrimonio cultural no es solo bronce, mármol o una pieza restaurada en condiciones
óptimas de conservación. Su verdadero valor es el vínculo social, ese
hilo invisible que une a la comunidad con su historia.
·
La traición a la voluntad popular: El busto fue
retirado de la plaza tras generar dudas y diversas protestas vecinales el año
pasado. Ignorar que este monumento es fruto del esfuerzo y la lucha colectiva
es despojarlo de su mayor activo: su legitimidad social.
·
De vecino a objeto inerte: En la plaza, el
Padre Touvat "socializaba"; era un punto de referencia espiritual y
parte del aire del puerto. Al ser confinado en una sala del Museo de Historia y
Arte, el monumento muere un poco. Se convierte en una pieza estática, un objeto
frío que ya no interactúa con la realidad cotidiana del chalaco de a pie.
·
La deslocalización de la identidad: La nota oficial
menciona que la pieza forma parte de recorridos educativos en el museo, pero
olvida que la educación patrimonial más potente es la que ocurre de manera
orgánica en el espacio público.
El derecho a lo
imperfecto
Bajo la promesa del programa
"Progresamos Callao", se nos entrega una Plaza Matriz estéticamente
"perfecta". Pero es una perfección estéril, despojada de su corazón
social. Es aquí donde debemos reivindicar una idea poderosa: solo porque algo no sea perfecto, no lo hace menos digno de
respeto y afecto.
La plaza, con su busto que quizás no
encajaba (según los autores de la destrucción del pedestal) en los simétricos
planos modernos, era digna de afecto y respeto porque representaba la gratitud
viva hacia un hombre que sirvió al Callao y porque era patrimonio cultural de
la nación. La imperfección de su ubicación original era el reflejo de una
historia orgánica, no de una maqueta de diseño.
La "Musealización" como consuelo
El hecho de que el busto pase a un
museo es una victoria a medias, pero también una derrota simbólica.
- En el
Museo: El busto se convierte en un objeto de estudio, estático y bajo techo.
- En la
Plaza Matriz: Era un hito de fe vivo. Touvat estaba donde trabajó, frente
a la Iglesia que ayudó a sostener, conectando con la gente que pasaba a
diario. Sacarlo de la plaza es, en palabras de los defensores del
patrimonio, una "limpieza visual" que prioriza la estética de
1925 sobre la memoria emocional de los chalacos.
Contradicción Institucional
- Es irónico que se use el argumento de que la
escultura "no tenía valor artístico" para retirarla, pero que
ahora se anuncie con orgullo su exhibición en un museo. Si no tiene valor,
¿por qué va a un museo? ¿Porque el la Dirección Desconcentrada de Cultura del Callao ha reconocido su valor y lo ha inscrito en sus registros? Esto refuerza la idea de que el retiro fue una
decisión política/urbanística y no técnica.
Encerrar a Touvat en un museo es
admitir que preferimos una sala aséptica al "desorden" vibrante de
nuestras calles. Una ciudad que oculta a sus referentes bajo titulares
engañosos y condena sus reclamos al olvido, es una ciudad que corre el riesgo
inminente de perder su propia alma. El patrimonio no se guarda; el patrimonio
se vive.
Autor: Mg. Juan Manuel
Dávila Herrera
Fecha: 5 de febrero de
2026