El Bicentenario
Invisible: Análisis de la Fragmentación Patrimonial en los 200 Años de la
Capitulación de la Fortaleza del Real Felipe (1826-2026)
Por: Mg. Juan Manuel
Dávila Herrera
Introducción
El 22 de enero de 1826 representa el hito final de la emancipación sudamericana. La firma de la Capitulación de la Fortaleza del Real Felipe y la rendición del brigadier español José Ramón Rodil ante el general Bartolomé Salom no solo pusieron fin a dos años de un asedio brutal, sino que también consolidó la independencia del Perú, extinguiendo formalmente el dominio español. Sin embargo, al cumplirse el bicentenario de este suceso (1826-2026), se observa una preocupante invisibilización del hito, derivada de una gestión patrimonial fragmentada y un divorcio entre el monumento y su entorno urbano.
1. La Fortaleza
como "Isla Administrativa"
Gestión Fragmentada: Existe una
superposición de competencias que dificulta una visión integral. El Ejército
administra el recinto, el Ministerio de Cultura supervisa la normativa y la
Municipalidad interviene mediante convenios específicos. Esta fragmentación
carece de un ente rector que articule el monumento con el desarrollo de la
ciudad.
El divorcio con la ciudad: La estructura burocrática ha priorizado eventos de "puertas cerradas" y protocolos académicos sin participación ciudadana. Se han hecho estudios, pero no se ha intervenido el paisaje cultural que rodea la fortaleza. El vecino chalaco ve cómo el monumento brilla en ceremonias privadas mientras su espacio circundante —el verdadero escenario de 1826— permanece en el abandono.
2. Estándares UNESCO y el Paisaje del Asedio
Desde 2019, la fortaleza integra la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Bajo este estándar, la conservación debe trascender el objeto arquitectónico para abrazar el Paisaje Cultural y la Zona de Amortiguamiento. El asedio y la capitulación no ocurrieron en un vacío; fueron procesos que transformaron el entorno urbano. No intervenir en el entorno es incumplir los criterios de integridad y autenticidad que la UNESCO exige para una inscripción definitiva.
3. Perspectiva Histórica Comparada: 1926 vs. 2026
3.
La Avenida Progreso: El asfalto como símbolo de unión
Hace cien años, la visión era distinta. El gobierno de Augusto
B. Leguía no solo vió una pista, sino un puente entre épocas. La actual Avenida
Venezuela fue consolidada en 1926 como la Avenida Progreso, con el
objetivo de unir Lima y el Callao bajo una narrativa de modernidad.
La prensa de la época resumió este espíritu con una frase que
hoy resuena como una lección de gestión olvidada:
"Hoy el asfalto de la Avenida Progreso borra
las huellas de la sangre derramada en los castillos, uniendo en un solo abrazo
de modernidad a la capital y su puerto" (Revista Mundial, Edición Especial del Centenario, enero de
1926).
Para Leguía, la obra pública era la forma de decir que el
aislamiento del Callao colonial había terminado. Hoy, en 2026, la falta de una
obra similar —ya sea en infraestructura o en corredores culturales— evidencia
que no hay una voluntad real de integrar el puerto con su pasado y su futuro.
4. El "Despertar Tardío" de las Instituciones
Resulta sintomático que, solo tras el paso de la fecha central y a raíz de diversas publicaciones críticas e iniciativas ciudadanas, algunas autoridades hayan comenzado finalmente a realizar actividades referidas a la fecha. Este "despertar tardío" demuestra que la visibilización académica y mediática es la única herramienta capaz de movilizar a una gestión pública que parecía haber olvidado que el Callao es la verdadera "Ciudad del Bicentenario Final".
V.
Conclusiones
El Bicentenario de la Capitulación de 1826
debe constituirse en un verdadero catalizador
para la transformación del modelo de gestión territorial y patrimonial del
Callao, superando definitivamente el enfoque fragmentado o de
“isla” que ha caracterizado históricamente su administración cultural. La
recuperación del Real Felipe no puede concebirse de manera aislada, sino como
parte inseparable de la rehabilitación
integral del paisaje cultural chalaco, de su entorno histórico,
social y simbólico. Solo mediante una gestión articulada, interinstitucional y
alineada con los estándares internacionales de conservación, interpretación y
puesta en valor del patrimonio, el Callao podrá reivindicar legítimamente su
condición de escenario donde culminó
efectivamente la independencia de América.
En este marco, diversos actores culturales
han solicitado al Gobierno Regional del Callao que el año 2026 sea declarado
como el “Año del Bicentenario de la
Capitulación del Real Felipe, sello de la Independencia, y del 160.º
aniversario del Combate del Callao del Dos de Mayo, reafirmación de la
soberanía”. Esta iniciativa no solo busca el reconocimiento
formal de dos hitos históricos fundamentales, sino también la construcción de
una narrativa pública coherente que permita su adecuada conmemoración,
resignificación social y proyección educativa, cultural y turística.
Resulta indispensable que las autoridades
comprendan la trascendencia estructural de
estas efemérides, no solo para la identidad chalaca, sino para
la memoria histórica del país en su conjunto. Asimismo, debe reconocerse su
potencial estratégico para el desarrollo
territorial, la reactivación económica y la dinamización del turismo cultural,
lo que exige su incorporación en la agenda pública, la planificación anticipada
de políticas culturales y la promoción de programas académicos, patrimoniales y
comunitarios que contribuyan a un desarrollo sostenible e inclusivo.
El Bicentenario de la verdadera independencia
de América no puede reducirse a un acto administrativo ni a respuestas
reactivas de último momento. Resulta revelador el contraste en el interés
informativo y conmemorativo: mientras en el Callao predomina el silencio
institucional, diversas regiones del país, como Piura, y naciones como
Venezuela, reconocen la Capitulación de 1826 como el hito que selló
definitivamente su propia libertad, otorgando al Callao una relevancia histórica continental que sus propios
gestores locales parecen ignorar. Esta mirada externa evidencia una paradoja
profunda: el territorio que fue escenario del cierre del ciclo colonial en
América no ha logrado aún apropiarse simbólicamente de su propio rol histórico.
Esta situación obliga a confrontar una
inercia estructural. La extemporalidad de las conmemoraciones, la ausencia de
una oferta cultural planificada y la falta de una visión territorial integrada
no solo debilitan la identidad local, sino que constituyen una oportunidad económica y simbólica perdida para el
sector turístico y para el desarrollo local. Un Bicentenario de alcance
continental debió posicionar al Callao como un destino histórico de primer
orden en América Latina; al no hacerlo, se desaprovechó un potencial flujo de
visitantes, inversión cultural y fortalecimiento del tejido social.
En consecuencia, se vuelve imperativo que las
instituciones abandonen definitivamente la lógica de gestión fragmentada y
asuman la rehabilitación integral del
paisaje cultural del Callao como una política pública
estratégica, en coherencia con los principios internacionales de la UNESCO y
con la deuda histórica que el puerto mantiene no solo con el Perú, sino con la
memoria continental de la independencia.
Imagen 10. Lo más increible de todo es que la Capitulación del Callao es conmemorada en Venezuela como una fecha histórica fundamental que selló la Independencia definitiva de Sudamérica.
Bibliografía Sugerida
·
Basadre, J. (2005). Historia de la República del
Perú. Lima: El Comercio.
·
Ministerio de Cultura / UNESCO (2019).
Expediente de la Fortaleza del Real Felipe en la Lista Indicativa.
Revista Mundial (Enero, 1926). Crónica de la
inauguración de la Avenida Progreso. Lima.
· Dávila Herrera, J. M. (2026). El Bicentenario Invisible: ¿Por qué el Callao olvidó que aquí terminó la Independencia?
· Romero, Carlos Alberto (1928). Centenario de la Capitulación de Rodil 1826-1926. Revista Histórica del Instituto Histórico del Perú.
· Orrego Penagos, J. L. Patrimonio y Modernidad: Las avenidas de Leguía en el Callao.
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