Por: Juan Manuel Dávila Herrera
Director del Proyecto Cultural "Callao Centro
Histórico"
Cruzar el umbral de un recinto museal en el marco
del Día Internacional de los Museos —auspiciado globalmente por el ICOM y la
UNESCO— debería ser un acto de reivindicación de nuestra memoria. Las
directrices internacionales nos hablan de estas instituciones como espacios
dinámicos de conexión social y salvaguarda patrimonial. Sin embargo, en el
Callao, la efeméride nos obliga a confrontar una realidad instrumentalizada: al
adentrarse en las salas del Museo de Historia del Callao y encontrarse frente
al busto del Padre Pedro Touvat, la experiencia se transforma en una necesaria
y crítica reflexión sobre el verdadero papel de la gestión pública en el
puerto.
Allí está él. Aislado de la dinámica urbana,
despojado del transcurrir diario de los vecinos y colocado sobre un pedestal
minimalista que simula una pulcritud que las calles del Cercado ya no poseen.
Detrás de una puerta, en una sala de cuatro paredes, el antiguo párroco de la
Iglesia Matriz contempla el silencio aséptico del confinamiento en un recinto administrado
por la misma Municipalidad Provincial del Callao.
Para cualquier visitante desprevenido, la escena es
presentada por la narrativa edilicia como un logro de "conservación"
y "puesta en valor"; una supuesta hazaña cultural que incluso sirve
de escenario para eventos protocolares y celebraciones por la efeméride. Pero
para el ciudadano y el gestor que conocen el rigor de los hechos, las vitrinas
oficiales no pueden ocultar que esa exhibición es el destino final de un
atropello institucional coordinado. El busto no ingresó al museo por una
donación planificada; ingresó como el saldo de una demolición. Llegó ahí porque
el programa "Progresamos Callao" de la comuna provincial diseñó y
ejecutó un proyecto que implicaba la destrucción del pedestal histórico de
piedra y cruz de la Plaza Matriz. Lo alarmante de este proceso es que la
Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) del Callao del Ministerio de Cultura
emitió la autorización formal para avalar dicha intervención y permitir el
posterior traslado, desconociendo su deber de salvaguarda in situ del entorno
monumental.
¿Cuál es, entonces, el papel de un museo frente a
una situación de esta índole? ¿Debe ser el custodio de la memoria o la
herramienta política que normaliza el despojo del espacio público?
El error de fondo de las autoridades competentes ha
sido validar una visión fragmentada e instrumental del patrimonio. Al ampararse
en tecnicismos para declarar que la escultura está "a salvo" como
bien mueble dentro de un inmueble municipal, el ente rector convalida la
destrucción de la unidad preexistente en la plaza. Esta simulación de rescate
no es más que una estrategia de salida para encubrir una decisión técnica y
políticamente errada, pretendiendo transformar una mutilación urbana en un hito
de gestión museística.
El patrimonio cultural no es un objeto inerte que
se pueda mudar de contexto sin consecuencias funcionales; es el soporte
material de la identidad de un pueblo. Nos han entregado una plaza
estéticamente adecuada según los planos modernos, pero vaciada de su tejido
histórico y religioso. Es propicio recordar hoy, frente a los reconocimientos
oficiales y la fría rigidez de las salas de exhibición, que solo porque una
estructura no encaje en los cánones de la simetría moderna, no la hace menos digna
de preservación y respeto identitario. La Plaza Matriz, con la autenticidad
de su monumento original, poseía una legitimidad histórica y social superior a
este orden artificial que hoy se nos impone.
Si el ICOM nos invita a pensar en el impacto educativo
y social de los museos, el caso del Padre Touvat debe encender las alarmas de
la academia y la ciudadanía. Una gestión que confina a sus referentes
históricos en salas cerradas para tapar las deficiencias de sus proyectos de
infraestructura, y que luego utiliza esos mismos espacios para el autoelogio
burocrático, es una gestión que está momificando la identidad del puerto. El
patrimonio de la Zona Monumental del Callao no se esconde tras una puerta para
la foto oficial; el patrimonio se defiende, se respeta y se mantiene vivo en la
calle, al servicio de su comunidad.
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Dávila Herrera, Juan Manuel. (2026, mayo 18). Opinión El museo como refugio o como celda: Una reflexión chalaca en el Día Internacional de los Museos. Callao Centro Histórico. https://www.callaocentrohistorico.com/2026/05/opinion-el-museo-como-refugio-o-como.html